........................... YO
J´aimerais n´avoir jamais commencé…
Este comienzo de un poema de André Bretón fue mi comienzo.
Un espíritu –que yo tanto respetaba- me empujó a tal comienzo con este estímulo:
-Usted es un introvertido –me dijo seriamente-.
Hay que dejarle solo, a ver…
A ver ¿qué? ¿Esto?
Ahí va, espíritu amigo, mi primera cosecha de introversiones. Que usted presagió, oráculo manual de mi destino poético.
¡Que bien me hicieron sus palabras! El bien de las definiciones inmutables.
Hasta tal momento yo no había sabido que yo estaba en mi propio yo vertido. Dentro del estuche de mí mismo.
Hasta tal momento yo no había sabido justificar mi vida lealmente, conforme a ley interna, inajenable.
Hasta tal momento yo no había sabido cauterizar con gozo mi pena constante de “no poder mirar nunca de fuera, hacia fuera, por fuera”, de no ser un extraversado.
Hasta tal momento yo no había sabido salir por las puertas de mi ánimo, pasearme en mi torno, contemplar mi aparencialidad, y tornar –todo alborozo y confianza- (molusco a su caparazón) a mi yo cotidiano y hermético.
¡Yo! ¡Yo en yo! ¡En mí!
¡Qué dos palabras mágicas, yo y mí!
Pronombres por nombres sustituyentes; palabras en substitución de substancias, en alusión de esencias, de inmanencias…
¡Yo! Pero ¿cuál era mi yo para yo estar inmerso en él y sin poderme sacar de mí?
¿Era, a caso, mi yo una estrella en un pozo? ¿Un arroyo en sima? ¿Un mineral en subsuelo?
¿Cómo llegar a él?
.......................................E. Giménez Caballero.
.......................................Extracto de Yo, inspector de alcantarillas
Comentario
He escogido este poema de Giménez Caballero como una especie de homenaje a esas palabras, al propio texto. Siempre me ha quedado pendiente una revisión de la obra de este autor, las cosas académicas lo han impedido. Como dato general sólo puedo colocarle una etiqueta que circula, la de escritor surrealista o de vanguardias, o la de ideólogo fascista. Arrojaba sus escritos como cubos de agua desde "La Gaceta Literaria". Por lo tanto tengo una idea de él a través de fragmentos leídos. Con mucha dificultad pude fotocopiarme dos libros de él, uno de ellos "Yo, inspector de alcantarillas". Este fue el primer poema que me hizo considerar a la poesía como una herramienta muy potente, no sólo estética, sino cognitiva. Entonces estaba muy liado con lo del mundo exterior e interior, con el yo; en Descartes, Kant, Fitche...leía ensayos y el yo siempre se me escapaba. Coincidió que ese año hice "Teoría de Vanguardias" y por propia iniciativa me interesé por autores de vanguardia española y encontré a este autor. Cuando lo leí, como él mismo dice, vi la aparencialidad del yo, en unas líneas se lograba algo que no había conseguido algunos cientos de páginas de ensayo, y eso era además de ver algo, saber algo más. Desde entonces el género poesía fue algo a perseguir.
Que esté entusiasmado con estas líneas no quiere decir que lo esté con la idea del Yo como morada feliz, el mismo Caballero ofrece una imagen que resta entusiasmo a esa idea, y algún tiempo de introversión personal la confirma. El yo me parece más algo a superar que algo que habitar, lo que uno encuentra ahí, muchas veces es eso, una alcantarilla.
"Recuerdo cuando un día, loco de no poder emerger a tierra, fui ante el neurópata famoso en la ciudad lejana, y me colgó del pecho la Medalla de Sufrimientos por el Yo, la cruz de santa Histeria.
-Toma -me dijo-, invalido del mundo exterior, joven pocero de entrañas. "
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