Primavera

No pertenece
ni a la noche ni a la mañana
la flor del melón.
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Desde el fondo de la peonía
de mala gana
sale la abeja.
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Un leve instante
se retrasa sobre las flores
el claro de luna.
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Brisa ligera
apenas tiembla
la sombra de la glicina.
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Al olor del ciruelo
surge el sol
sobre el sendero de montaña.
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Incluso al día siguiente
de la tormenta
los pimientos son rojos.
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Verano
Viene a verme aquí
desde el vivero
una voz de sapo.
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Silencio
la voz de la cigarra
penetra las rocas.
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Desde la punta de la yerba
tan pronto como cae
emprende vuelo la libélula.
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Qué fresco este muro
contra las plantas de mis pies
durante la siesta.
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Otoño
Al oscurecerse el mar
la voz del pato salvaje
apenas es blanca.
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Nadie emprende
este camino salvo
el crepúsculo de otoño.
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La tormenta arrecia
la cara de alguien
empapada.
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Invierno
Nieve matinal
los puerros marcan el nivel
en el huerto.
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Se ha escondido
en el bosque de bambú
el viento de invierno.
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Y ahora
vamos a contemplar la nieve
hasta caer agotados.
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Las ráfagas de invierno
se abisman en los bambúes
y se calman.
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No olvides nunca
el sabor solitario
del rocío blanco.
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Traducción de Francisco F. Villalba a partir de varias fuentes japonesas y algunas traducciones al inglés, francés y español.
.........Comentario
La primera vez que supe de la existencia de los haikus (o haikai en el plural japonés) fue a tierna edad leyendo una revista de la UNESCO con artículos sobre caligrafía universal, donde se señalaba que un verso que traducido al castellano sería algo como “En el extremo de la rama florecen los hibiscos” en la caligrafía japonesa está formado por cinco ideogramas que progresivamente van de uno simple, de pocos trazos, hasta uno final muy complejo y de muchos trazos, representando plásticamente lo mismo que dice el verso, y de verdad que mirando los ideogramas daba la impresión de estar viendo una flor abrirse (no tengo ya conmigo, como para poder incluir ahora el ejemplo, ni la revista ni una copia de los ideogramas, aunque los conservé mucho tiempo). Cuento esto como introducción a lo que quiero decir: no siento que les esté ofreciendo ningún haiku real de Matsuo Basho, sino objetos que tienen una relación muy distanciada con los haikus reales. Para apreciar los verdaderos haikus sería necesario saber japonés (y del 1600, no actual), probablemente también imbuirse al menos un poco de la cultura japonesa de la época y la filosofía zen, leerlos de los ideogramas para poder apreciar su calidad plástica, y quién sabe cuántas cosas más. Pero bueno, aún partiendo de la base de que no estamos leyendo realmente a Basho sino unos textos inspirados en sus haikus, estos textos me gustan, me transmiten un estado de contemplación que me gusta mucho, y por eso los propongo. Es semejante a lo que pasó con los poemas de Rumi que propuso Bea: no sé persa, no conozco la cultura de la época, no sé nada sobre Rumi, pero esos poemas me encantaron.