miércoles, 17 de junio de 2009

Alfonso Carreño | propuesta de Meteco

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Recreado en tu centro, inteligencia,
yo te siento latirme, rodearme
abiertas ya tus alas
sobre este campo frío que es el hombre.
Recreado en tu centro
siento la piedra, canto
y apoyado en lo triste voy descubriendo la vida.
........

Este islote curtido, este cuerpo,
esta carne precisa, que me salva
de tanta mar amarga

...........(Extractos de Huésped en la materia)

..........Comentario

Cuando llegué a la filosofía lo hice con unas preguntas concretas en la cabeza (ignoraba lo que era la filosofía académica y su imposibilidad de responder a nada). La única condición que impuse a las respuestas era que tenían que venir del monismo, de la materia, mi anterior mundo religioso era una pura escombrera. Quince años después ya tengo las respuestas que buscaba, incluso con el sentimiento de certeza, si sigo con la filosofía es por otras cosas: nuevas curiosidades que me han ido surgiendo, entretenimiento personal, intento de mejorarme, por la belleza de determinados argumentos, la estética de ciertas reflexiones, el placer que proporciona aclarar nebulosas…pero aquello inicial quedó satisfecho.

En el último congreso en el que participé activamente, se homenajeaba a Alfonso Carreño, poeta que desconocía. Estaba su hijo y algunos de sus amigos en vida, se repartieron algunos poemas y asistí a dos ponencias sobre él. Los poemas que cito son de un libro que se llama Huésped en la materia, libro prácticamente imposible de hallar, así que no puedo titular los poemas ni situarlos en el conjunto del libro, sólo tengo fragmentos en hojas que se repartieron. Quizás A. Carreño sea dualista-realista (yo me definiría como dualista-ficción), no he leído suficiente de él, pero una de las cosas que he comprobado durante estos años es, que aún siendo yo monista, la escritura dualista describe bien la experiencia del “yo”, mejor que la monista. Vale, reduzcamos todo a la nada, a la materia, da igual, sea lo que sea el “yo”, en su materialidad, en su finitud, tiene cualidades que hacen que podamos hablar de esa región de materia, del yo, de forma dualista con pleno sentido. Que se destruye la máquina y se destruye el fantasma, bien, pero mientras la máquina funcionaba había un fantasma, o la máquina funcionaba como si cualitativamente hubiera en ella un fantasma.

Heine, después de leer a Hegel, hablaba del “panteísmo sensualista”, situado en el medio de la conciencia faústica. Si materia y espíritu eran lo mismo, tanto daba rendir culto al espíritu como a la materia. Me parece que los extractos que tengo de A.C giran sobre ese punto, sobre la necesidad de seguir pensando y actuando de forma dual, de recibir las alegrías del cuerpo y habitar la aridez del espíritu, aunque éste muera. Quizás, el espíritu sea la única cosa de la que se ha dicho, que por morir, no existe.
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miércoles, 10 de junio de 2009

Martín Prieto | propuesta de Marina


El resto

Por las hendijas de la persiana
entra la luz del amanecer para destacar
en la penumbra sensible, sobre la mesa,
el par de tazas que usamos anoche
y quedaron sin lavar.
Echo, en una, un chorro de café
y no sé nada, no pienso nada, sigo dormido,
hasta que apoyo la boca
en el borde de la porcelana
y reconozco ahí un resto de saliva
seco ya y todavía perfumado
que concentra, sobre mi cabeza,
toda la presión del universo.



Martín Prieto es argentino, como yo, y tiene más o menos mi edad (4 años más que yo, a esta altura del partido cuatro años no son nada). Además fue (o es, no tengo noticias actualizadas) colaborador permanente desde sus inicios y durante muchos años de Diario de Poesía, una publicación de crítica y divulgación literaria dedicada a poesía que yo leí, devoré, y coleccioné durante muchos años, y de la cual una de las cosas que más me gustaban era "La columna de Martín Prieto". Lo conocí en persona en la presentación de su libro La música antes (que se abre con este poema), me acerqué para que me firme su libro y a cambio darle uno mío, lo cual abrió un pequeño intercambio de cartas y elogios (que él dió por terminado semanas después con un "Acá se acaba todo"). Es obvio que mi relación con su obra no es la misma que la que tengo con la mayoría de los autores, ya que habitualmente a los autores no los conozco en persona ni comparto con ellos tantos datos vivenciales. Con Martín me siento cercana (por eso me sale llamarlo por su nombre y no por su apellido) tanto en vivencias como en escritura: me parece entender por qué escribe como escribe. Muchas veces siento con sus poemas que parece que ahí no pasa nada, pero justo en el marco, en el borde, en lo que apenas es dicho o sólo es sugerido, hay algo que a mí me emociona.

Con este poema en particular me pasa que en una columna de Diario de Poesía (la del número 20 de la Primavera de 1991) describía su gestación y evolución. Era un texto en el que narraba el encuentro con una mujer, y luego cómo nació el poema y cómo lo fue modificando. Era un texto muy bello; estuve tratando de recuperarlo para compartirlo con ustedes pero de momento no lo encontré. Quiere decir que tengo recuerdos de este poema que no vienen sólo del poema y que lo completan, y por eso dudé si elegir éste u otro, pero ganó éste. De él me gusta que la luz guíe el comienzo del poema, una luz que me emociona y que también siento "cinematográfica", como si guiara nuestra mirada hacia donde el poeta/director quiere; me gusta el choque entre la percepción adormilada del comienzo del día, el típico (al menos en mi caso) momento del día en que seguiríamos en la cama pero nos levantamos como autómatas para ir a trabajar, el choque digo entre esa infrapercepción y de golpe la percepción de algo mínimo pero tan enorme que nos transforma.


Por esas cosas del cerebro, que asocia aunque uno no se lo pida, y una vez establecida una conexión es difícil que no vuelva a recaer, la cuestión de la saliva "seca ya y todavía perfumada" me hace pensar en esta canción de Jorge Mautner que canta Caetano Veloso, que les dejo de yapa:



Na minha boca eu sinto
a saliva que já secou
de tanto esperar aquele beijo
ai aquele beijo que nunca chegou.
Você é uma loucura em minha vida
você é uma navalha pra os meus olhos
Você é o estandarte da agonía
que tem a lua e o sol do meio-día.

(Si alguien quiere la letra completa, se la envío, es un poema super hermoso también, pero no tengo traducción castellana como para proponerlo en Pan de Humo).

miércoles, 3 de junio de 2009

José Agustín Goytisolo | propuesta de Bea

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En este mismo instante...

En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?
Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.


Esa flor instantánea

Miedo a perderse ambos,
vivir el uno sin el otro:
miedo a estar alejados
en el viento de la niebla,
en los pasos del día,
en la luz del relámpago,
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse,
unirse en este aire
que ahora juntos respiran.
Y se buscan y se buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue
se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.
Miedo; bendito miedo
que propicia el deseo
la agonía y el rapto,
de los que mueren juntos
y resucitan luego.

.............Comentario
Me he permitido poneros dos poemas porque forman parte de un deseo de “leer más a Goytisolo” que tengo estos días, de descubrirlo o re-descubrirlo después de una experiencia que me ha llevado a añorarlo. En la universidad en la que trabajo está la Cátedra José Agustín Goytisolo, una de mis compañeras, Carme Riera, la creó y se ocupa cada dos años de organizar algún congreso dedicado a leer al poeta. Este año acudí por primera vez y mi percepción de lo que era un congreso cambió radicalmente (los aborrezco, al menos en filología son una pasarela de egos sin mucho sentido), de repente me sentí entre amigos, que amaban la poesía y que hablaban de ella con una profundidad y al tiempo una sencillez que me admiraba. Así que pensé que si un poeta era capaz de convocar a aquel tipo de gente a su alrededor debía merecer la pena. Ese mismo día me compré un par de sus libros y en los pocos ratos que tengo últimamente me dedico a leerlo. Me he encontrado con una voz de extraordinaria sensibilidad y tremenda sencillez, con otro “visionario de lo mínimo”, por mi afición a este concepto he escogido estos dos poemas de “instante”.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Dionisio Cañas | propuesta de Gonzalo

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Un esqueleto escribe sus memorias

TODO empieza a tener
...........................un extraño sentido verdadero.
Todo lo que antes era oscuro
...........................ahora posee su luz propia
como las piedras en el campo
...........................que crecen debajo de la tierra.
Todo emerge de un pasado
...........................que cansado de estar en el pasado
pide día y pide sol,
...........................y pide que se le despierte
a una hora cualquiera,
...........................como los muertos.


Curioso que sea esta mañana
............................de destrucción y espanto,
cuando como un ahogado
...........................sale de entre los muertos
el sentido verdadero de la vida.
............................Curioso que haya hecho falta
tanto escombro para escribir
............................unas cuantas palabras verdaderas.


¿Podremos algún día
...........................perdonar lo imperdonable?
Hace muy poco las gaviotas
...........................acompañaban tantos barcos
que salían sin miedo
...........................a sus destinos turísticos
Hace muy poco los alegres
...........................pasajeros de la muerte
escribían tarjetas desde aquí:
...........................“la ciudad es hermosa hasta con la niebla”.


Y todo terminó como un fandango
...........................ruidoso y hacia dentro, todo,
hasta nuestros más íntimos
...........................deseos de huir a otra fecha,
sin calendario ni despertador,
...........................hacia un lugar del tiempo
en que escribir no sea
...........................una obscena aventura de poetas.
Supongamos que llueve
...........................y que estamos cansados de escribir,
supongamos también
...........................que es escandaloso
el precio de los cigarrillos,
...........................que aquel hombre y aquella mujer
que tanto amamos
...........................ya no son nuestros amantes
sino una ficción
...........................en el mar de las ficciones.
Supongamos
...........................que nos tocamos el cuerpo y nos decimos,
“esto no es mi cuerpo”,
...........................que nos tocamos los ojos y nos decimos,
“estos sí son mis ojos”;
 ...........................entonces, sólo entonces,
empezamos a viajar entre los muertos.
...........................El paisaje por donde vamos
es hermoso, digamos tropical,
...........................pero también es hermosa la aridez,
digamos de Manhattan.
...........................Así, cada vez más hacia dentro,
nos encontramos,
...........................como el que no quiere la cosa,
con unos cuantos esqueletos fumando
...........................con unas rosas, con abundantes frutos de mar
y con las ganas de llorar entre las gallinas.
...........................Supongamos, pues, que también estamos
cansados de mirar hacia dentro,
...........................que queremos estar junto a nuestra madre un ratito,
que un poquito de amor
...........................sería suficiente para dejar
de llorar todos los recuerdos.
...........................Supongamos, es sólo un suponer,
que hemos sido felices alguna vez,
...........................que no llueve esta tarde,
que estamos cansados de morir,
...........................que aquí no ha pasado nada
y que escribir tiene
...........................un extraño sentido verdadero,
supongamos.

                                                                        


........Comentario
No conozco muchas cosas de Dionisio Cañas (la primera vez que leí su nombre encabezaba un artículo titulado “Fenomenología de los bares de pueblo”) pero este poema que encontré en una revista de poesía siempre me provoca, al leerlo, sensaciones ambivalentes. Ya sabemos que lo que el poema dice es en gran medida obra del lector y cada vez que leo este poema acabo alegremente fatigado. Pues creo que el poema es sobre el cansancio. Mi comentario va a ser un breve intento de leer el poema en voz alta, sin pensarlo demasiado, a borbotones.
Tropiezo al inicio con la extrañeza de lo verdadero, que es un sentimiento. Algo que comienza a despertar ahora, distanciándonos de un pasado con diferente sabor. Ahora los muertos (¿los recuerdos?), como las piedras que crecen debajo de la tierra, piden sol y se despiertan a cualquier hora. Recuerdos o muertos que como un ahogado surgen trayendo el sentido verdadero de la vida. Recuerdo, pasado muerto, que revive sólido, piedra, escombro de la memoria convertido en palabra verdadera. Y el poeta sabe que hace falta mucha experiencia y mucha memoria, tanto escombro, para cuajar unos pocos versos que no sean fraudulentos. 

Se produce una ruptura al preguntarse el poeta si podremos perdonar lo imperdonable. Entiendo que nos habla de la vida-juventud como un viaje turístico que se realiza sin miedo, por ignorancia. Y todo lo que pasó por fuera fue quedando por dentro, todo, también lo que no hicimos, los deseos de huir (y el deseo tal vez de no ser un poeta con mala conciencia: escribir es una obscenidad). 

Si sigo leyendo encuentro que el poeta me describe la realidad con ese irónico “supongamos”: está cansado de escribir y sí, es escandaloso el precio de los cigarrillos, ya lo creo. Vamos a suponer que somos capaces de reconocer que nuestro amor es una ficción en el mar de las ficciones, que sólo quedará recuerdo. Envejecer es esto: no reconocerse en el cuerpo nuestro de cada día pero sí en los ojos que tanto vieron (tanta imagen que ha quedado en la escombrera del recuerdo). Entonces, nos dice el poeta, hemos dejado atrás la juventud, viajamos entre los muertos (entre los recuerdos), ya no hacemos turismo. Entonces se nota el cansancio. Entonces la realidad tiene que ser concebida como un supuesto. Entonces el mundo deviene “paisaje por donde vamos”, una postal, incluso tropical, frente al que tenemos una distancia. Puede ser hermoso, pero también lo es nuestro recuerdo: la aridez (el poeta es manchego) de Manhattan (el poeta vive en Nueva York y le gusta recordarlo al lector). 
Así, hacia dentro, donde sólo hay memoria (ni alma ni conocimiento) se empieza a vivir entre los muertos. Y de los recuerdos emerge el de aquel irrepetible sentirse querido y protegido de un niño junto a su madre. 
Llegado de la mano del poeta a esa lejana semilla cuyo fruto es este cansancio, me sorprende siempre que la leo la pregunta que hace como quien no quiere la cosa: ¿hemos sido felices alguna vez? Supongamos que no ha pasado nada y sigamos escribiendo. (Hay preguntas que es mejor no hacerse). Sigamos escribiendo, sí, seamos obscenos.

Lo más curioso de mi experiencia con este poema es que encuentro versos de los que podría prescindir, pero si eliminase las referencias a la escritura y al cansancio todo el resto perdería sentido para mí. Creo que, sin ser uno de esos poemas que te fulminan el leerlo ( y a pesar del título) es otro de los poemas cuya relectura ha pasado a formar parte de mi escombrera espiritual particular. 
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miércoles, 20 de mayo de 2009

Clara Janés | propuesta de Nuño

.Cuando en mí te despliegas como ave

Cuando en mí te despliegas  como ave
y abarcas hasta mis cabellos,
¿cómo puedo ser aire,
nube de pronto,
de pronto lluvia
y torrente
y derribarte?
¿Cómo desvanecerme
cuando después clarea?
                  Creciente fértil  (1989)

ANTES de que irrumpa la luz
y su inquieto diálogo con las sombras
pueble los valles del reposo,
amurallo la niebla y el silencio
y me amurallo en él
para que el amor crezca,
sólo doy paso al canto de los pájaros.

OH MONTE, qué sucede,
mi soledad está llena,
todo es belleza creada por mis ojos,
todo es de luz,
presente en el inmóvil punto.
Oh monte,
un verso inesperado me acomete:
no existe el mar.

OCULTO amado,
agua de lluvia,
aliento que mi tierra vivifica,
fuego y aura
desbordando en mis gestos, 
nada más necesito,
teofanía es mi transparencia, 
Clara, Clara es mi nombre, 
cada día crece mi amor.
                (Rosas de fuego, 1996)

.........Comentario
Quise, durante unos días, huir del “mundanal ruido” y me refugié en mi camáldula de Morille con la intención de refrescarme y sosegarme con la poesía  de  Clara Janés Nadal. No tardé mucho en convencerme de que, al lado de la poeta,  se echaba en falta la  presencia Juan de la Cruz y de  Frederic Mompou. Así que convoqué a cada uno de ellos, con sus “abalorios” distintivos (C. J., con sus poemarios posteriores al 1979; J.de la C., con su “Cántico espiritual”; y  F.M., con su ciclo para piano “Música callada”)  y yo, como  anfitrión, sin más “abalorio”  propio que  el de procurar buscar las cuentecillas que se repetían en los “abalorios” de los tres convocados, con el deseo de mostrar  el hilo de los más leve, aquello que hace que cada uno se parezca al otro y, sin embargo, sea cada cual dueño de aplicarlos a su aire, porque la virtud del “abalorio” no reside en la cuentecillas en sí, sino en  la disposición de su  diseño.  
Los tres recurren a la regla de la pobreza en el adorno, al uso casi aforístico del lenguaje, lejos de todo discurso (J.de la C.y la austeridad léxica; F.M. y la música con las notas menos posibles; y C.J., que expurga el diccionario y desciende al suyo propio, que depura la sintaxis y algunos signos de puntuación y que se inclina por un abanico, cada vez más cerrado, de términos lingüísticos: silencio en fin y levedad).
Pero el diseño de esas cuentecillas, el tono y el timbre, el sentimiento sobre la razón, nos hace temblar, nos subyuga y conmueve, cerramos los ojos para disfrutar de esa “música callada” o para recordar el silencio de esa “poesía callada”: eso que dice ”la música callada,/la soledad sonora,/la cena que recrea  y enamora”(J.de la C.); “¿Cómo desvanecerme/cuando después clarea?”, o  “Sólo doy paso al canto de los pájaros”, o  también  “Oh monte, qué sucede,/mi soledad está llena” (C.J.).
“Clara es mi nombre”,  canta la poeta y nada hay de vacuo en esta “a-clara-ción”, sino más bien la marca, el sello, el exlibris muy personal de C.J.. Lo que “clarea” en  estos poemas es esa definitiva claridad y transparencia, trémula levedad a la que ha llegado en su última etapa, fruto de la depuración, de la renuncia, de la intensa reflexión poética y de su decidido “caminar hacia Oriente” como “pasajera del amor”. Al modo de C. Rodríguez, la poesía  es un don, nunca gratuito y, más allá de la belleza formal de las palabras, una  inesperada revelación que te obliga a volver a cantar con C.J.
Perdón por tanto. Espero que lo disfrutéis.
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miércoles, 13 de mayo de 2009

Marguerite Yourcenar | propuesta de Fernando

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HOSPES COMESQUE

Cuerpo llevando el alma, siempre vanamente
Vuelvo a pensar en ti y te vuelvo a olvidar;
Corazón infinito en el cáliz naciente;
Boca que busca el nuevo verbo de besar.

Mares de navegar, fuentes para beber;
Trigo y vino ritual en la mesa mezclados;
Refugio de dulzura el vago adormecer;
Tierra que se despliega en los pasos alados.

Aire que me llenas de espacio y de equilibrio;
Nervios por donde viaja el cóncavo delirio;
Mirada interrumpida en el vasto universo.

Cuerpo, compañero, juntos nos moriremos.
No puedo no querer la sombra que tenemos,
No apresar con ella el resplandor de un verso.

................Versión de Silvia Barón-Supervielle

Comentario

No quisiera que las preocupaciones filosóficas invadieran la lectura de este hermoso poema de Yourcenar, en particular el rechazo a una idea cartesiana de dualismo mente-cuerpo. Habla para mí este poema de la experiencia de extrañamiento que a veces sentimos, a veces siento, con respecto al cuerpo. Ya sé que somos un cuerpo, pero también nos extrañamos de él, como nos extrañamos de la mente, y nos extrañamos de nuestro mismo ser y de nuestro mismo extrañamiento. Me gusta del poema el ir y venir de la experiencia: alejarse y acercarse, y me parece que en eso consiste la intimidad. Siempre he leído las novelas y diarios de Marguerite Yourcenar como poemas. Casi podría leer este poema como un relato, como una trayectoria corporal. 
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miércoles, 6 de mayo de 2009

Guillermo Carnero | propuesta de Vicente

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AL FIN A VUESTRAS MANOS HE VENIDO
....................................................................Garcilaso


Cuando era niño, al acabar la clase
salíamos todos juntos al recreo
y yo era el aguafiestas, el torpe, el metepatas
absorto en un rincón imaginando historias,
aventuras y compañías de papel, leyendo un libro.
La edad no me ha librado de vocación tan mísera
ni he sabido adquirir mayor destreza
ante la realidad: extranjero en la sombra
huyendo tras el cristal de un tren nocturno,
ante quien brillan letreros lacerados,
resplandores y rostros y raíles sinónimos.
Después de fracasar con tanto empeño
al fin hasta tus manos he venido
como quien nunca supo del olor de la tierra
en un jardín mojado por la lluvia
ni oyó hincarse en la roca la paz del arcoiris,
acorde de las gamas del pozo de la vista,
silencio en la fragancia de los tibios colores
donde no cabe instante sin milagro.
No me exilies de nuevo al metal transparente
donde la voluntad se engríe y pudre,
al desierto donde se triza el tacto:
No me dejes en un rincón con este libro,
medalla decorosa en el ojal de un muerto.

,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,Guillermo Carnero


.........Comentario

Este es el poema nº dieciséis (de veinticinco) del poemario Verano Inglés  (Barcelona.Tusquets-Nuevos tiempos sagrados.1999). Supone el regreso, tras nueve años de silencio (Divisibilidad infinita 1990), de un "clásico" de los años setenta como ya lo es, también, Pere Gimferrer. 

Me ha costado mucho elegir un solo poema porque es el poemario, el tema escogido (el amor) dialogando con sus "variaciones sobre el mismo tema de siempre" o que mas me ha conmovido. Decía Auden en un verso "solo el tiempo conoce el precio que hemos de pagar." El tiempo ha regalado a Guillermo Carnero un cambio de temperatura poética que transforma una antigua actitud vital elitista, distante y culturalmente exhibicionista en una voz que se sabe y se quiere mas cercana. Resulta  envidiable comprobar que se puede envejecer, poéticamente, muy bien.
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