jueves, 6 de marzo de 2008

Ufff!!! Muchas sugerencias para responderlas todas en un solo comentario... Dos cosas muy rápidas de aperitivo, y prometo volver a entrar con un resopón. Se pregunta Paul de Man desde Nieztsche: ¿Cómo separar a la bailarina de la danza?.Creo que eso mismo funciona en la pareja poesía/realidad del primer fragmento, así que discrepo en que la poesía sea "belleza", y en que ambos elementos poesía/vida, sean separables, al menos vuestros poemas y comentarios, en general este blog, me dicen que es imposible separar a la bailarina de la danza.Sí que estoy de acuerdo en que en el amor todo ha de ser profecía, es más extiendo esto a cualquier actitud vital, las promesas poco valen, porque hacen actuar una máscara, que es la de esos padres que no se reconocen, en la profecía la máscara cae parcialmente o al menos se toma conciencia de su existencia.

8 comentarios:

Fernando Broncano dijo...

sobre el "primer plato" que nos sirve Azahara (el menú es muy variado para una sola crítica gastronómica):
me recordó el título de la canción de Sabina: por el bulevar de los sueños rotos. Me inquieta esa mirada de hija a los sueños rotos de los padres, llorando en un lecho del que han huido los sueños,esa queja de haber sido concebida de la nostalgia, y la mirada a los padres con esos ojos tan de conmiseración por no haber sabido seguir soñando. Tiene un punto entre queja adolescente y queja metafísica intergeneracional (cada generación acusa a la anterior de fracaso en sus sueños), pero me gusta la forma de mirar con ojos de hija, quizá con un tono de reproche que no por ello estropea algunas imágenes biológicas muy fuertes: las del enrraizamiento. Me gusta mucho la queja: si aquí no están mis sueños/ cómo puedo dormir aquí.

Josep E. Corbí dijo...

1. No me imagino escribiendo ninguno de los poemas breves de Miriam Reyes en primera persona. Me atrae su capacidad para atraparte con el primer verso y retorcerte el pescuezo con el segundo. Y, sin embargo, no podría escribirlo en primera persona. Requiere una convicción del propio poder de la que carezco y, en el fondo, pienso que solo una mujer puede tener. Ese hecho está, a mi entender (y, en este punto, más que hablar, balbuceo), vinculado a la diferencia entre el deseo masculino siempre en busca de su objeto y el de la mujer, fácilmente convencida de obtenerlo con un chasquido de sus dedos. Este hecho da pie, posteriormente, a que la mujer se permita el lujo dejarse llevar por sus sentimientos convencida de que el hombre la seguirá, mientras que este último se acostumbra a tolerar tales inclemencias, pues a menudo se convence de que es el mejor camino para cumplir su deseo. Y digo todo esto para subrayar la fuerza con la que, a mi entender, Miriam Reyes expresa los hechos que acabo de mencionar. No es que diga eso ni tampoco que solo lo muestre, su gesto está a caballo entre decir y mostrar tales hechos. Pobre Wittgenstein! Él que parecía estar convencido de que se trataba de una diferencia clara!

2. Como a Bea, me parece esencial olvidarse de las promesas, que acaban ahogándonos en el miedo, y pensar en la profecía, que, de nuevo, siento a caballo entre dos relaciones más frías con uno mismo: la mera predicción y el mero compromiso.

Josep E. Corbí dijo...

COMENTARIO DE JOSE ALBELDA, QUE SUBO YO A PETICIÓN DEL INTERESADO:

" Me ha gustado lo dicho sobre el tiempo o más bien el espacio para leer poesía, para la poesía. A la poesía le debemos respeto, como a todo aquello que nos da vida, que la mantiene, que la renueva. Quizás por ello para algunos tiene algo de ritual cotidiano, irrenunciable. Yo suelo leerla durante el desayuno: cortado, tostada con aceite y poesía. Todo ello entremezclado, nutricio. Son horas limpias en las que todo está más abierto, más permeable. Suelo leer una, a lo más dos poesías del libro que tengo entre manos. Siempre tengo la sensación de que no por leer más dejan mejor poso. Y el lápiz, siempre el lápiz. No puedo leer sin ese código especial que muchos tenemos para recordar fragmentos, destacar algunas para luego retornar a ellas; para que no se nos pierdan entre las páginas. En fin, un simple comentario de periferia."

Azahara dijo...

Estoy de acuerdo con José Albelda.
¡¡¡¡Sí, sí!!!!!
-Lapsus entusiasta-
Creo que la poesía debería ir acompañada de un mini manual de instrucciones de lectura, o sugerencias del cómo leerla y la dosis recomendada de lectura. Total y absolutamente de acuerdo también en leer pocos poemas, además de ponerse en situación y notar que entras en la atmósfera adecuada para disfrutar de ellos.

josep corbi dijo...

EL POEMA SOBRE EL PADRE:

1. ¿Quién narra en ese poema? Empieza aludiendo a su progenitor con la palabra 'padre' y el uso de esa palabra hace pensar en la voz de un adulto. Los hechos que se mencionan solo son conocidos del modo en que se narran por una persona adulta. Sin embargo, la voz se va adelgazando y aniñando. Habla de 'papá' y de 'mamá' y uno tiene, finalmente, la sensación de que es una niña la que habla. Es esta metamorfosis una de las cosas que me gustan del poema. ¡Cómo al evocar ciertos hechos, la voz nos tiembla y los miramos como niños que hubiésemos querido tener otra infancia, que sus padres hubiesen sido de otro modo! Creemos ser adultos y somos muchas cosas que se funden cuando somos intensamente. Es hermoso aprender a habitar ese espacio en el que las viejas casillas se han despedazado y queda una voz temblorosa.

2. Se encuentran, naturalmente, en mi comentario, alusiones al poema de Borges ('what might have been') y a la discusión en torno al poema de Olvido ('un adulto idiota')

Fernando Broncano dijo...

Gracias a azahara por descubrirme a Miriam Reyes, me he ido rápidamente a la red (iré, claro, a la librería) y he encontrado auténticas joyas como esta:

Soy lo que no entiendes
y simplificas
lo que no puedes cambiar
y limitas
lo que necesitas
y humillas.
Por más que te obedezca
no hago lo que deseas.
Por más que me anules
te lastimo.


Esa queja permanente de mujer, me parece, con justicia o no, establece un territorio otro en el que se miden las miradas y en el que la palabra existe como expresión pura de reproche o de pregunta.
De Hugo Mújica he releído después del texto varias cosas de su Poesia Completa, 1983-2004, Seix Barral, que roza la experiencia de silencio esencial, he ahí un botón:

en lo hondo no hay raíces,

hay lo arrancado.

Siento discordar con José Albelda:
a) no desayuno, tomo el café de pie, ya sé que es malo en todos los sentidos, no me importa.
b) la poesía no es nutricia, no lo es: su lugar es la noche, cuando los ruidos son todos significativos y el espacio es el de la propia soledad.
Así que no se debería leer poesía como si fuera filosofía,uno no subraya los propios descosidos y rotos del corazón.

Josep E. Corbí dijo...

1. Me gusta el poema de Miriam Reyes que cita Fernando. Y antes, como él, lo consideraba una queja de mujer.

2. Me emociona, Fernando, el modo en que lees poesía y me pesa cómo te bebes el café. Me ocurre a mí, en cambio, lo que a Jose o algo parecido. Me salgo a la terraza temprano, cuando todavía está despuntando el día. Hace frío, me abrigo con el mismo polar que me acompaña en la montaña y, con los dedos ateridos, abro un libro y leo en voz alta un par de poemas. Dejo que el frío me empape y presto me refugio en el calor de la casa. El día que, entonces, se asoma ya es otro.

3. En cuanto al uso del lápiz, puede que a Jose le recuerde más al papel creativo del pincel que al rostro esforzado del estudioso.

gotamarina dijo...

muchas cosas...
me gustó todo.

sobre el poema sobre los padres y los sueños, me gustó muchísimo lo de cómo puedo dormir aquí si no están mis sueños, y me pasó como a Pepo que sentí que la voz se aniñaba a medida que avanzaba el poema, pero el sentido que le ve Pepo a esto me resulta más conmovedor que el poema mismo. A veces siento los comentarios de este blog más sugerentes que los poemas.

sobre como o cuando leer poesía, todas las opciones tienen su atractivo. Yo nunca tuve un ritual ni de hora ni de lugar, tal vez lo que sentía se parece más a lo de los paréntesis de Azahara; lo que sí recuerdo de cuando leía poesía con más frecuencia que ahora, es que sentía que para leer poesía es necesario bajar el ritmo de la vida cotidiana, desacelerarse, llegar a un ritmo que se acerque más a una respiración pausada, a una actitud contemplativa, y a una disposición especial, que no sé cómo describir, pero supongo que todos ustedes también sienten cuando leen poesía. Y si alguna vez me atreví a recitar poemas en público, fue porque sentía que la gente habitualmente no se permite esa disponibilidad, y que al escuchar a alguien diciendo un poema era posible que gente que tal vez nunca se pone a leer un poema, pueda apreciarlo escuchándolo. Leer despacio, tiene que ver con leer poco, como dice José, para apreciar mejor.

En otro orden de cosas: me asombra los comentarios sobre cómo somos las mujeres. Me siento tan alejada de lo que se ha dicho (convicción en mi propio poder? convencimiento de obtener lo que quiero con un chasquido de dedos?) que me da ganas de decir: ojalá! a esto, y ¿por qué? a la "queja permanente de mujer", pero sobre todo me provoca mucha perplejidad. Creo que lo que me deja más perpleja es que se hagan generalizaciones sobre media humanidad, pero ésa es la tarea de los filósofos, tal vez, no sé (lo digo sin mala leche y con mucho afecto por los comentaristas y respeto por todas las actividades y los pensamientos de todos).