miércoles, 19 de noviembre de 2008

Luis Cernuda -propuesta de Fernando

.
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, 
Disuelto en niebla, ausencia, 
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos:
Donde habite el olvido.

.......................................Luis Cernuda
.
Comentario
.
Este poema inicia un libro del mismo título; un libro que termina en dos versos terribles:
“Tierra, tierra y deseo/Una forma perdida”. No es un ejercicio budista de aspiración a la ataraxia, sino el libro desolado de quien ama y preferiría no hacerlo. Pues la experiencia del amor que muestra aquí Cernuda está desenvuelta en un tono antirromántico. El poeta se distancia de su experiencia, se rebela contra el dolor que amar supone como sometimiento. Me intriga si Cernuda muestra solamente miedo al amor o, por el contrario, un profundo conocimiento de las cavernas del amor, que implica dependencia en un sentido distinto a las dependencias que crea la amistad, o el cariño, o el amor por los familiares. Góngora expresaba algo similar en el bello poema cantado por Paco Ibáñez:
“Una torre fabriqué/Del viento en la raridad, /Mayor que la de Nembrot, /Y de confusión igual. /Gloria llamaba a la pena, /A la cárcel libertad, /Miel dulce al amargo acíbar, /Principio al fin, bien al mal. /Déjame en paz, Amor tirano, / Déjame en paz.”  Esa experiencia por la cual convertimos la dependencia en libertad. Me gustaría decir que he sentido siempre el amor como libertad, pero creo que tendría que contrastarlo con este mismo sentimiento de Cernuda/Góngora de si acaso no consiste en eso el amor, en invertir  la experiencia. Muy contemporáneo: el miedo al amor sería la marca de un tiempo en el que la dependencia es aquello de lo que huimos. Y, sin embargo, qué bellos versos con los que me reconcilio: “Donde yo sólo sea/Memoria de una piedra sepultada entre ortigas/Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.” Que la tierra/ deseo os sea leve.
.

16 comentarios:

meteco diletante dijo...

Bien está una poesía para los que nos situamos en el lado oscuro del amor. Éste siempre se me presentó bajo la forma de narcisismo o dominio, y creo que la experiencia que intenta trasmitir Cernuda en este poema tiene su origen en sentimientos parecidos, diría que iguales. Que un gran porcentaje de la poesía sean loas al amor convencional siempre fue un obstáculo para que me gustara la poesía (no había manera de que coincidiera vida y lectura); tan sólo pude acceder a ella cuando me abrió el mundo de lo sublime, de las encarnaciones "malignas" y el pozo (muchas veces ciego) del espíritu.

"Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente".

Narcisismo y dominio, cómo no estar de acuerdo, y dicho de forma tan bella y tan breve. Me han entusiasmado estos versos, otra vez he visto al lenguaje talir victorioso, ofreciendo una imagen adecuada del alma que los expresa.

Otra de las imágenes que me entusiasma es la del ala de ángel, representada siempre como de plumón de ganso, donde uno desea echarse en brazos de la amada, y que de repenta, al tocarla, se sienta el frío del metal. Asombroso, sublime, siento haberme encontrado con un amigo.

En lo que no estoy de acuerdo es en la propuesta de la tumba y el olvido como solución a esta cara del amor. Creo que aún así se puede llegar al amor que supere al de los amantes, me da por pensar que debe de existir un reino del amor que no sea dominio ni narcisismo, pero al que precisamente sólo se puede llegar por un negación del amor convencional, por lo que no sé si debería seguir llamándose amor. Antes que la piedra fría sobre la que sólo pasa el viento veo otro espacio.

saludos.

Nuño dijo...

Me da la sensación de que en este blog sucede lo de la lotería de navidad: los gordos suelen hacerse esperar casi hasta el final. Hay que agradecerle a Fernando de que nos haya traido esta bellísima dádiva y nos haga así millonarios gozosos a todos los tertulianos, porque ya nadie duda de que L.C. es uno de los "gordos" de nuestra poesía y de su vena se ha nutrido toda la lírica de la segunda mitad de la centuria pasada y de nuestro presente.
¿Qué añadir al esclarecedor y circular comentario de Fernando? Poco ya que merezca la pena, a no ser alguna apostilla que permita acercarnos, de puntillas (perdón por el ripio), a la lírica de L.C.

De la lectura que hice tiempo atrás de "La realidad y el deseo" y que, enfermizamente, sigo repitiendo, saqué la impresión de que toda su producción podía muy bien tomarse como la biblia de una educación sentimental (rótulo éste que se calcará en varios títulos de discípulos de L.C.) que hace que el poeta, ese "peregrino" que insiste, insiste, en su camino (¿otro ripio?), pueda conjugar deseo y realidad, una empresa cuya cronología se teñirá de pesimismo, de soledad y de "malditismo".

Volviendo al poema en concreto, solamente haré unas simples indicaciones. El preámbulo al libro "Donde habite el olvido" L.C.lo define como "el recuerdo de un olvido" y en el poema con el mismo título es evidente que el ideal erótico (el deseo) fracasa ante la realidad del amor y se culpa a éste ("ángel terrible") y se reclama el olvido como muerte del deseo. A pesar de la delicadeza en la expresión elegíaca del texto no me parece antirromántico su tono y, al leerlo, me llega a sonar a Fray L. de L. y al mismo san J. de la C. El uso mayoritario del subjuntivo (modo del deseo) intensifica hasta el extremo el lirismo del texto convirtiéndolo en una de las "joyas" de nuestra poesía.
Salud para tod@s.

Nuño dijo...

Perdón por volver al blog. Se me olvidaban dos notas. Una para Meteco: ¿narcisismo?. Otra para Gotamarina: te apoyo en esa reclamación de que el formato de los poemas use las mayúsculas como es debido (después de punto).

meteco diletante dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
meteco diletante dijo...

Hablo de un narcisismo más complejo que mirarse al espejo. La imagen en el agua habría que entenderla como una proyección, más que como una imagen propia. No se trata de que el narcisista sólo tenga por objeto de su amor a sí mismo, puede amar a otros pero en tanto que se proyecta en el otro, y de esa forma lo que vuelve a amar es a sí mismo, a su imagen proyectad en el otro. Le pasa como al espíritu hegeliano, que sale de sí para ponerse en las cosas que son su objeto. En realidad lo que estoy diciendo es que todo amor convencional es narcisista, el de pareja también. Se trataría de que sólo podemos amar a a quienes nos podemos proyectar en ellos: hay unos en los que nos podemos proyectar y otros en los que no; sólo amaríamos a los primeros.

Tampoco hablo de un narcisismo acrítico. El narcisista puede encontrar en sí mismo rasgos que no le gustan, que puede odiar incluso, pero sin embargo sólo puede amar a aquello donde se proyecta, incluso con esos rasgos que no le gustan. Esa es su condena y la tragedia de Narciso.

Para mí el verso "Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya," habla de ese narcisismo. Si llegas a esa conclusión, mi experiencia es esa, el amor se vuelve menos atractivo, menos deseable, hasta el punto de no desear amar, como creo que le pueda suceder a Don Luis.

saludos

Mi tio Celerino dijo...

También a mí me ha parecido siempre , como a Meteco, que las loas al amor convencional de la poesía mutilaban en gran medida la complejidad y la riqueza del sentimiento amoroso; como dice Fernando "el conocimeinto de las cavernas del amor". El poema de Cernuda no deja de producirme cierto cansancio emocional, como de agotamiento sentimental después de la batalla del amor, como si el amor, pasado el enamoramiento, fuera siempre una tarea titánica que irremediablemente nos conducirá al deseo del olvido. Sin embargo, ¿no es ése su principal atractivo? ¿no es esa tensión la que nos manteiene vivos? ¿acaso no es la única alternativa ser sólo "memoria de una piedra sepultada entre ortigas"? ¿Qué mayor anhelo que el de no tener "más horizonte que otros ojos frente a frente" y entregarse con ánimo renoovado al dulce y cruel desgaste del amor? ¿O la activa destrucción del fuego del amor o la paz del cementerio? Curiosa disyuntiva. Un saludo a todos desde este rincón soleado del mundo.

Josep E. Corbí dijo...

Es mi experiencia del amor vulgar y adocenada. Le pido poco, solo una leve presencia, y me someto con facilidad. Lo entrego todo sin apenas esfuerzo por sentir cotidianamente el susurro de esa mirada que descansa en mí encandilada y que acepta mis caricias. Me engaño con facilidad para seguir creyendo que esa mirada existe, tal es mi necesidad. Y así van pasando los días, sin apenas notarlo. Si de pronto se rompiese, como de hecho se ha roto, empieza mi cuerpo a comprender la urgencia del olvido. No como pérdida sino como expresión de la intensidad pasada del amor. Tanto te necesité, tanto me pegué a ti, que ahora solo puedo vivir el amor bajo la forma del olvido. No puedo acercarme a ti, contemplarte en la memoria, sin que lo que fue siga desgarrándose en mí.

Por eso, no acierto a saber si el poema nos habla de la necesidad del olvido tras el desencuentro o durante el encuentro. La primera es para mí acuciante; la segunda, apenas la he sentido y eso es lo que me hace pensar que mi experiencia es vulgar y adocenada (aunque no estoy seguro de ser yo el que lo piensa); tan vulgar y adocenada que ni siquiera añoro que fuese diferente, aunque sí que me fuesen dadas otras vidas en las que pudiese vivir esas otras experiencias y, sin embargo, regresar a lo que soy ahora.

El poema me conmueve tanto con sus imágenes acerca del olvido como acerca de su urgencia. Su ritmo me parece vibrante y acompasado. Y, sin embargo, siento que sus aristas expresivas están demasiado redondeadas y, por eso, a pesar de la virulencia de las imágenes, me queda una sensación un tanto rimbombante que lo aleja de mí.

Azahara dijo...

Este poema lo leí por primera vez si no recuerdo mal allá por 7ª de EGB y me alegra saber que su belleza sigue siendo la misma que le interpreté en aquel momento: belleza lingüística, pues mi inmmadurez idem no daba para más. Después lo releí alguna vez que me sentí enamorada, o realmente enamorada, que se alargaba en el tiempo... creo... Sin embargo, reconozco hoy, unas décadas más tarde que la belleza pasó a poseer "profundidad de significado".
Este poema tiene un ritmo irresolublemente impoluto, y eso es difícil de asumir, pero además encierra un significado mucho más sublime: el de la necesidad de olvidarse de uno mismo cuando ama con su existencia absoluta, sin dejar de ser uno mismo, valga la aclaración(de ahí"...donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo".
El amor al que conoce como "angel terrible" no es amor desde mi punto de vista, es pasión, momento, luz de linterna, pero no es amor. El amor es más bien ese "Donde penas y dichas no sean más que nombres, cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo" porque cuando amamos neutralizamos todo para reconvertirlo, rodeando recuerdos, en cielo y tierra primigenios, en el todo más absoluto que somos capaces de conocer y... soportar.
O algo así...

Saludetes a todos. Muchas gracias por vuestra participación, enriquecedora y animosa cuando uno no tiene tiempo ni para vivir.

Mª Jesúsearerine dijo...

Desgarrador el poema que nos ofreces, Fernando. La infelicidad asoma en cada una de las palabras, de las imágenes que nos brinda Cernuda. Porque el deseo no consumado, la frustración de la carne, no siempre se debe a la aceptación -o no- de los usos convencionales del amor. A veces es nuestro yo el que se erige en gran dictador y las normas que impone son tan duras que es preferible dejar de ser y de sentir… cuando uno lucha contra lo que desea. El deseo lúbrico de otro cuerpo a imagen suya puede ser vivido, como en Kavafis, desde el goce y la aceptación, y entonces alcanzar la plenitud de los sentidos, la victoria efímera de la carne.
El deseo forma parte del amor, pero considero que en el poema las palabras “deseo” y “amor” no son una parte del todo, sino la misma cosa. De ahí que me incline más por deambular entre los significados del deseo erótico, tan poderoso a veces, que acaba en sometimiento de la voluntad y en fuente de continua angustia, cuando es uno mismo el que rechaza aquello que lo posee.
Opino, como Meteco, que el amor quizá nazca de la proyección que hacemos de nosotros en otro ser, vemos en la otra persona aquello que nos gustaría que vieran en nosotros y que valoramos positivamente (cierto que hay algo de narcisismo en todo esto), pero no alcanzo a “sentir” el deseo de calidez, de ternura, de compartir caricias, en ninguna parte del texto (tampoco en “sin más horizontes que otros ojos frente a frente”). Por eso, en este poema, hablo de deseo febril por un cuerpo y de la no aceptación de ese sentimiento. Apenas me he atrevido a dar unas pinceladas sobre lo que considero amor y lo poco o mucho que sé -o imagino -de él.
¿Tanta angustia es posible para que se quiera olvidar también la dicha? Entiéndase la pregunta en términos relativos, claro.
Admiro la belleza formal de estos versos, y el tono de lejanía: “Donde habite el olvido, en los vastos jardines sin aurora”.
Besos cariñosos y muchas, muchas gracias por el poema y sus comentarios.

Fernando Broncano dijo...

Hola a todos: querría precisar mi comentario al poema, que fue un tanto escueto. La experiencia del amor a la que refiere el poema es muy concreta, no tiene que ver a mi parecer con todo tipo de relaciones de pareja: hay relaciones basadas en el erotismo, las hay en la necesidad de compañía sentimental, las hay basadas en la amistad, e incluso puede haberlas en otras formas de interés. El amor a que se refiere el poema es lo que se llama a veces amor pasión, un estado en que algunas personas caen con una cierta frecuencia, otras no lo experimentan nunca, otras lo experimentan solamente una vez en la vida, hay de todo y la única regla es que no hay reglas. Por otra parte querría recordar que es un estado muchas veces unidireccional: no acaba siempre en relación simétrica, y el tema del desamor es también uno de los más tratados.
El cómo se reacciona a este estado es también muy diverso y así ha sido tratado en la literatura.Un poema es siempre una experiencia íntima que el poeta nos regala, y ante la que (desde mi punto de vista) no se trata de decir si se identifica o no con la de uno, esa no es la universalidad de la poesía, sino de ver si nos conmueve o no ese desnudamiento que ha hecho un ser que muestra sus entrañas. Cernuda aquí lo hace, y lo hace, como les ha ocurrido a muchos otros con la rebelión contra su propia experiencia. Tampoco se trata de decir si es bueno o no rebelarse contra la experiencia propia, sino si podemos comprender ese estado de disociación (una experiencia también muy humana, por lo demás). Yo creo que sí, por eso elegí el poema, independientemente de cuál fuese mi autobiografía sentimental, y lo que me conmueve es ese espectáculo del ser que ama y querría no hacerlo. Supongo que amar, por ejemplo a la persona equivocada y a quien se sabe que es una equivocación; amar a quien no se le puede decir; amar en momentos en que se querría paz de espíritu, etc., son situaciones que desencadenan experiencias como la de Cernuda.
Respecto al comentario de Pepo, yo no veo rimbombante a Cernuda, puedo distanciarme a veces, pero si comparamos su poesía con los alrededores en el tiempo y el espacio, puede ser calificada de otras formas, pero me parece difícil considerarla rimbombamte, salvo en un sentido que casi toda poesía puede ser considerada así.
En fin, en la diferencia de opiniones está la gracia.

Josep E. Corbí dijo...

Fernando, no puedo más que suscribir y celebrar, punto por punto, cada una de tus observaciones. Mientras escribía mi comentario era consciente tanto de su impertinencia como de su inevitabilidad. Has explicado con claridad en qué consiste la primera; no me demoraré en desnudar un poco más qué forma adoptaba su inevitabilidad.

También coincido, aunque parezca extraño, con tu observación acerca de que, si tenemos en cuenta los alrededores en el tiempo y el espacio, el poema es todo menos rimbombante. A lo que mi observación apuntaba, sin destacarlo, es que el poema que, en un tiempo, puede ser desnudo y sencillo, en otro (hijo tal vez de la sensibilidad generada por ese poema), esa desnudez y sencillez pueda sentirse como insuficiente. Y todavía me gusta más tu observación en que hay un sentido en que toda poesía es rimbombante, pero a ese sentido ciertamente no quiero o no sé cómo renunciar.

Fernando Broncano dijo...

Gracias Pepo por tu comentario que califica esa increible sensibilidad y al tiempo tolerancia que tanto me admira en tí.
Ese segundo sentido del lenguaje de la poesía en el que ambos coincidimos pertenece a esa forma de lenguaje que, como las caricias o como las frases de cariño, no pueden ser citadas sino en un contexto particular: fuera sonarían ridículas, dentro son la forma más limpia de la expresión humana.

Mª Jesúsearerine dijo...

"...sin que lo que fue siga desgarrándose en mí". Hay tanta emoción en estas palabras que solo puedo agradecer su desnudez.

meteco diletante dijo...

Si leo el poema siguiendo las indicaciones de Fernando sobre la universalidad en la poesía puedo ver ese desnudamiento de las entrañas. Gana en belleza y en épica, pero esa universalidad, la de una interpretación objetiva, deja de apelar a ciertas fibras que se mueven cuando hacemos propio un poema; en ámbitos académicos incluso es invitable,precisamente la conmoción es algo a evitar. Pero como lector de fragmentos creo que es también inevitable apelar a la universalidad del principio de subjetividad que recorre toda la modernidad (perdón por tanto -idad). El artista, desde el XIX hasta hoy, produce la universalidad trabajando en el autogoce, esperando que las mismas notas que se hallan en él (los famosos humanoria, en el sentido, simpatía -afinidad- y comprensión)se dan en todo otro ser racional y puede reproducir su experiencia. Hay mucho debate sobre si el placer erudito es una contaminación de un placer estético puro y sobre el papel del espectador en la experiencia estética, como la lectura de un poema o la contemplación de un cuadro, pero como otros muchos debates me parece erróneo. Es bueno contar con el saber de la obra y del autor, y si alguien aporta esos datos, como Fernando, hay que tomarlos como una bendición. Pero también hay que probar con el "encontronazo" con la obra de arte, el toparte con ella como algo ahí que te hace frente sin asideras, y esperando que los humanoria funcionen, que por mi propia humanidad tenga alguna afinidad con el artista, su obra me conmocione.

Como siempre, agradecido por todo lo leído a todos.

saludos

Nuño dijo...

"Un recuerdo del olvido": con esta definición cernudiana, tan bella y tan concisa, con un cierto aire irónico y en parte distante, el poeta nos acerca al fondo vital de los poemas de "Donde habite..." Gracias a los fieles cernudianos sabemos hoy el nombre de ese "olvido" (Serafín F.Ferro) y, claro está, los dieciséis poemas del libro no son más que el "recuerdo" dolido del poeta. Disculpad que me haya vuelto a asomar. Salud para tod@s

gotamarina dijo...

ey, quisiera pedir disculpas a todos por no poder participar en esta propuesta como me gustaría y se merece,pero circunstancias personales me han hecho esta semana estar poco disponible para pan de humo (y para otras cosas tambien). Confieso que he leido el poema y los comentarios demasiado superficialmente como para poder decir algo que valga la pena, pero sí me da ganas decir que me gustaron mucho los comentarios aclaratorios de Fernando, me parecen muy acertados y suscribo a lo que dice. Bueno, una aportación muy menor, lo lamento. Saludos a todos.