miércoles, 14 de enero de 2009

Giménez Caballero | propuesta de Meteco

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........................... YO


J´aimerais n´avoir jamais commencé

Este comienzo de un poema de André Bretón fue mi comienzo.


Un espíritu –que yo tanto respetaba- me empujó a tal comienzo con este estímulo:

-Usted es un introvertido –me dijo seriamente-.

Hay que dejarle solo, a ver


A ver ¿qué? ¿Esto?

Ahí va, espíritu amigo, mi primera cosecha de introversiones. Que usted presagió, oráculo manual de mi destino poético.


¡Que bien me hicieron sus palabras! El bien de las definiciones inmutables.


Hasta tal momento yo no había sabido que yo estaba en mi propio yo vertido. Dentro del estuche de mí mismo.


Hasta tal momento yo no había sabido justificar mi vida lealmente, conforme a ley interna, inajenable.


Hasta tal momento yo no había sabido cauterizar con gozo mi pena constante de “no poder mirar nunca de fuera, hacia fuera, por fuera”, de no ser un extraversado.


Hasta tal momento yo no había sabido salir por las puertas de mi ánimo, pasearme en mi torno, contemplar mi aparencialidad, y tornar –todo alborozo y confianza- (molusco a su caparazón) a mi yo cotidiano y hermético.


¡Yo! ¡Yo en yo! ¡En mí!

¡Qué dos palabras mágicas, yo y !

Pronombres por nombres sustituyentes; palabras en substitución de substancias, en alusión de esencias, de inmanencias…

¡Yo! Pero ¿cuál era mi yo para yo estar inmerso en él y sin poderme sacar de mí?

¿Era, a caso, mi yo una estrella en un pozo? ¿Un arroyo en sima? ¿Un mineral en subsuelo?

¿Cómo llegar a él?

.......................................E. Giménez Caballero.

.......................................Extracto de Yo, inspector de alcantarillas


Comentario


He escogido este poema de Giménez Caballero como una especie de homenaje a esas palabras, al propio texto. Siempre me ha quedado pendiente una revisión de la obra de este autor, las cosas académicas lo han impedido. Como dato general sólo puedo colocarle una etiqueta que circula, la de escritor surrealista o de vanguardias, o la de ideólogo fascista. Arrojaba sus escritos como cubos de agua desde "La Gaceta Literaria". Por lo tanto tengo una idea de él a través de fragmentos leídos. Con mucha dificultad pude fotocopiarme dos libros de él, uno de ellos "Yo, inspector de alcantarillas". Este fue el primer poema que me hizo considerar a la poesía como una herramienta muy potente, no sólo estética, sino cognitiva. Entonces estaba muy liado con lo del mundo exterior e interior, con el yo; en Descartes, Kant, Fitche...leía ensayos y el yo siempre se me escapaba. Coincidió que ese año hice "Teoría de Vanguardias" y por propia iniciativa me interesé por autores de vanguardia española y encontré a este autor. Cuando lo leí, como él mismo dice, vi la aparencialidad del yo, en unas líneas se lograba algo que no había conseguido algunos cientos de páginas de ensayo, y eso era además de ver algo, saber algo más. Desde entonces el género poesía fue algo a perseguir.


Que esté entusiasmado con estas líneas no quiere decir que lo esté con la idea del Yo como morada feliz, el mismo Caballero ofrece una imagen que resta entusiasmo a esa idea, y algún tiempo de introversión personal la confirma. El yo me parece más algo a superar que algo que habitar, lo que uno encuentra ahí, muchas veces es eso, una alcantarilla.


"Recuerdo cuando un día, loco de no poder emerger a tierra, fui ante el neurópata famoso en la ciudad lejana, y me colgó del pecho la Medalla de Sufrimientos por el Yo, la cruz de santa Histeria.

-Toma -me dijo-, invalido del mundo exterior, joven pocero de entrañas. "

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4 comentarios:

Fernando Broncano dijo...

Hola meteco: se me hace difícil dibujarme un perfil de tí tras ese alias tan insistente en la máscara irónica. Pero a través de los comentarios de este blog, me voy haciendo una idea, como supongo que nos ocurre a todos. Y esta idea encaja bien con este sorprendente poema de Giménez Caballero, interesante aunque sólo fuera por el rescate valiente de este autor. Y por el poema mismo.
Pasolini escribió en controversia contra la nouvelle vague una reivindicación del cine de poesía contra el cine de prosa. En este blog ha predominado más la actitud Pasolini que la de la nouvelle vague. Pero el poema que propones pertenece al modernismo, con ese toque de distancia y esquizofrenia en el texto, que se hace diálogo entre dos personajes, y que podría leerse más como un microrrelato que como un poema, o como una introducción inteligente a un discurso filosófico sobre la autorreferencia.
La verdad es que del poema puede rescatarse lo que tiene de poesía, que no es poco y que, para mí, es lo que está más allá de su pose pseudoirónica, cuando deja ver sus entretelas y deja caer una estrella en un pozo o propone cauterizar con gozo la pena. Leído en voz alta gana mucho. Pensado, es curioso. Como discurso filosófico, es superficial (lo de extravertido/introvertido sólo es interesante por su ironía de los vertidos), pero lo más sorprendente es que fuese escrito en este país. Una modernidad que, aunque no fuese la misma en Giménez Caballero que en el que suscribe, la aprecio en lo que vale, sobre todo porque se perdió cuando no debía.

meteco diletante dijo...

Hola Fernando, me han gustado mucho tus palabras, pero sobre todo creo que son acertadas.

El texto está continuamente en el límite de ser algo y de dejar de serlo, de ser poesía y no serla, de ser un relato y no serlo, de ser filosofía y no serlo, tiene un poco de todo y nada que lo ancle definitivamente en un género. Y su lenguaje, ciertamente es sencillo, sólo alterado en los ¿versos? que habla de esencias, inmanencias...Y quizás sea esa la gran virtud de las vanguardias, que crearon imágenes con cosas muy sencillas. Ese poema fue mi comienzo en la poesía, desde entonces, poco o mucho he ido leyendo poesía y he descubierto poetas-poetisas que me han impactado realmente, sobre todo los románticos alemanes, o algunos de los que he ido conociendo en esta magnífica página a través de vosotros. Pero ese texto de Giménez Caballero sigue ocupando un lugar privilegiado, por ser el primero, pero también porque todo lo que logra lo hace desde una simplicidad conceptual agradecida y de una forma u otra hace de canon para mis gustos. Creo se trata más de juntar dos palabras de uso ordinario para hacer saltar un brillo, un momento que ilumina un aspecto de la cosa hasta ahora no visto, que dar con una palabra precisa y exacta para la cosa: puertas de mi ánimo, pasearme en mi torno, estrella en un pozo, arrollo en sima...son combinaciones tan sencillas y tan poderosas que aún siguen produciéndome una pequeña conmoción cuando las leo, tan simple y tan potentes.

Con la ironía, sí, he de reconcerlo, no sé si soy ýo mismo irónico, no logro verme bien nunca y ya dejé de intentarlo, pero se puede decir que los escritos irónicos conectan conmigo con facilidad. Erasmo, Dostoievski (muchos de sus personajes, especialmente el hombre del subsuelo), los cínicos antiguos, Heine (un gran campeón de la ironía), Hegel, Sloterdijk...o me viene ahora también el esperpento de Valle Inclán o el teatro de Jardiel Poncela como casos españoles... son autores que me enganchan por su ironía. Lamentablemente conozco pocos poetas irónicos por lo breve de mi estancia en el mundo de la poesía, de los que he dicho sólo podríamos considerar poeta a Heine, espero ir conociendo más. Sólo podría hablar de los futuristas italianos, como Marineti, con quien sin duda debe de guardar relación Giménez Caballero. Por todo el trasfondo político que está detrás de este autor o de los mismos futuristas dudé en ponerlo, pero pensé al momento que se exponía un lugar donde lo importante era el texto y no las vidas de los autores, nunca me importó leer nada de cualquier procedencia, facilmente tiendo a hacer una abstracción de la vida de los autores que leo, aunque luego me empape de sus cotilleos, pero no sé como logro no ponerlos en relación con sus textos.



saludos

Josep E. Corbí dijo...

He leído y releído el poema, y cada vez que lo he hecho, me lo he pasado bien. Me resulta juguetón y desenfadado. Un juego del pensamiento que apunta a un desconcierto no meramente conceptual. Me gusta que empiece en francés y, después, ese idioma se pierda. Me gusta que algunas frases aparezcan en cursiva, sin que esté seguro de qué justifica su diferenciación. También me gusta que, de vez en cuando, se permita algúna imagen delicada y, después, se retire para no darle importancia, para que no parezca que ahí le duele. Y no encuentro que el poema tenga mayores ambiciones, pero no me parece poco que me apetezca leerlo y que me lleve en volandas cada vez me encuentro con él. Y, en el fondo, ¿qué otra ambición puede ser mayor que esa, la de despertar emociones que no se extinguen fácilmente, sino que se renuevan y apuntan inocentemente a otro lugar?

Azahara dijo...

El poema, que más bien me aparece como un diálogo interno con uno mismo y por lo tanto, la puesta en práctica de lo que, él mismo, (vuelta otra vez...) intenta.
Resulta fresco, gracioso y algo, (permítaseme la licencia del desconocimiento desconcertante) cínico, airoso y pudiera parecer autocrítico" además de bastante lúcido "conlospiesenlatierra" de ahí los últimos versos que se enlazan y se abrazan todo el tiempo para desconcertar, como he dicho antes.
Lo que me ha gustado bastante,es lo del título "...inspector de alcantarillas" porque también tiene algo de extracto de uno mismo, siendo Yo, pero sin dejar de serlo...

Saludos a todos y muchas gracias por acercarme la poesía cada miércoles, pese a que no pueda o no me vea motivada todas las veces que debiera seguir con la disciplina...
Un saludete Pepo allá por las Englands!!!!