miércoles, 11 de febrero de 2009

Pier Paolo Pasolini | propuesta de Fernando

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ANÁLISIS TARDÍO

Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.

..........................Versión de Hugo Beccacece
........................(Finales de los años sesenta)

.............Comentario
La poesía de Pasolini evolucionó desde una lírica del suburbio hasta una forma de tristeza y melancolía que recorre también su cine tardío. Me recuerda mucho esta poesía a ese tono de Wittgenstein desgarrado en su auto-apreciación, de quien se sabe distante de sí mismo, inconforme con la vida, dejando entrever, sin embargo que hay mucha vida examinada por detrás. Me siento tantas veces en ese estado de ánimo que cuando leo esta letanía me parece haberla escrito yo en algún momento de ensimismamiento. Hay que pensar que cuando Pasolini escribe esta poesía también realiza esos cantos a la vida que son El Decamerón y Las mil y una noches, que son manifiestos de cómo la fuerza de la vida se abre paso en no importa qué tiempos oscuros. Hubiera dado algo por asomarme un segundo a la mente de Pier Paolo.
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8 comentarios:

Josep E. Corbí dijo...

La primera vez que leí el poema me sorprendieron los dos últimos versos porque mostraba que los poros estaban todavía abiertos a la vida o, más bien, que uno no puede soportar completamente el pensamiento de que en su vida 'las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo'; por eso, no puede el poeta dejar de concluir con unos versos que abran la puerta a la esperanza, aunque sea diciendo que uno carece de ella. La tensión conceptual del último verso reverbera en mí cada vez que vuelvo al poema: ¿Cómo uno no tener esperanza si adora la luz? Tener esperanza -una esperanza que no sea un clavo al que una mano se coge- no es más que adorar la luz, cada mañana. Gracias, Fernando, por el poema. Espero que tus sombríos sentimientos acaben tan bellamente como el poema.

Mis alumnos de *Problemas de Filosofía de la Mente* escriben a veces análisis devastadores acerca de los mecanismos de producción del daño de las sociedades tecnológicamente avanzadas; pero el más desgarrador de los ensayos acaba siempre con una frase (solo una frase) que abre la puerta a la esperanza. Yo le digo a su autor, cuando lo reviso, que esa frase es incoherente con el resto del ensayo y que el ensayo ganaría si la eliminase, pero que sé que no pueden eliminarla. Y la frase se queda siempre, siempre; ni en una sola ocasión ha sido eliminada.

meteco diletante dijo...

Pasolini me recuerda mucho a Chateaubriand. Éste escribía ya muerto, sus memorias son de ultratumba, Pasolini está escribiendo desde el fondo de la fosa, hemos de suponer que también muerto, aunque como dice Pepo, el último verso abre una esperanza y señala una falta de coherencia; Chateaubriand lo hubiera eliminado con un placer religioso. Me resulta muy atractivo el inicio: “Sé bien”, pues el problema del hombre no es, como se suele decir, la ignorancia, sino el saber demasiadas cosas que sería mejor no saber. Ese saber se erige en centro del poema, el resto de versos son subordinadas sustantivas de objeto directo de ese saber, podríamos decir que hay sólo una oración, que sabe eso, y eso otro, y eso otro más.

Me gustan todos los versos y me dan ganas de ir uno por uno comentándolos, porque cada uno encierra un aspecto humano, pero no es el caso. Sólo apuntar a los versos 7 y 8:

que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;

Es demoledor saber, darse cuenta, de que por más que uno siga investigando, leyendo, viajando, intentando conocer cosas nuevas, sólo hace que reducirlo todo a unos viejos esquemas que se cerraron y completaron en la primera juventud. Si algo fue Proust fue consecuente, una vez se dio cuenta de que era preso de la costumbre y de su forma se encerró y se dedicó a sacar lo que tenía dentro, no tiene sentido seguir mirando fuera para convertir todo lo nuevo en viejo. Respecto al 8, lo veo central, esa huida de reconocer quien eres. No sé si podría escribir algo decente en mi vida, algo que valiera la pena, pero sí sé que tengo miedo a intentarlo, pues el primer paso sería reconocer quien soy, ver desde donde escribo, y hay pocas cosas que me den más miedo que eso, que reconocerme. El "conócete a ti mismo" es un rodeo innecesario, nos podemos intuir con bastante claridad y cuando eso pasa uno trata de huir.

Saludos.

meteco diletante dijo...

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

26 de octubre de 2008 12:55

El poema de Fernando ha hecho que vuelva a pensar constantemente un poema que también él publícó en unos comentarios a otro poema de Kavafis, cumpliéndose la ley de las resonancias. Lo re-publico, pues creo que la lectura de los dos al mismo tiempo hace como una especie de acoplamiento en el que todo se amplifica.

Perdonad si tiro ultimamente todo hacia lo personal. Estoy en una de esas etapas de arrojamiento en la nada del siglo XXI, en la madurez de la vida y simplemente flotando en la existencia, sin ocupación ni ligación alguna, viendo pasar por enésima vez los últimos trenes, que de tan vistos y repetidos empiezo a dudar de su caracter de últimos, y replanteándome todo en cada momento. Vengo a ser la versión intelectual del jubilado que mira obras. Cuando encuentre un trabajo al que odiar supongo que se me pasará esta vena categórica y reflex-iva.

saludos

Nuño dijo...

Vuelve Fernando a darnos, como nos tiene ya acostumbrados, otro aldabonazo "poético" más, a modo de exhorto, para incitarnos, en estos "tiempos oscuros", a asomarnos al pozo inquietante de una memoria que guardó con un orden severo la fotografía corrida de una vida poco satisfactoria.
Hace años ya tuve que echar mano de un espejo para leer un poema de un libro que el autor había puesto sibilinamente al revés, como si el viejo calco que se usaba entonces para las copias, se hubiera colocado detrás boca arriba. Pues bien este "Análisis tardío" puede ser el espejo en el que me mire y me compare, un espejo de prestado para entender lo poco que soy de lo que petendí ser y para aborrecer las miserias con que a veces he empedrado mi camino.

Esas "letanías" a las que se refiere Fernando se asemejan, en cuanto a su función, a esos actos de conciencia jesuíticos de final del día, pero en este caso, P.P.P., hace un acto de conciencia "tardío", la cuenta final,como culpándose y arrepintiéndose de esa tardanza, confesándose desnudamente, mostrándonos el juego de su vida. Leída al revés, desde "adoro la luz" hasta "estoy en el fondo de la fosa", cada peldaño que se baja o se sube, cada "letanía", es un alumbramiento más de la conciencia de un yo que se resiste a saberse.
Me perturba el tono elegíaco del poema y me encanta el ejercicio de "orfebre" del que hace gala Pasolini para ir graduando o acentuando la cadencia de los versos en un intento de "aliviar" la monotonía repetitiva del "que".

También para mí este poema propuesto ha sido una especie de alumbramiento: hasta ahora Pasolini era el cine y un cineasta honrado y comprometido. Su obra poética, he de confesarlo, no me interesaba; me bastaba su cine. Veo que todavía estoy a tiempo de rectificar. Así lo espero.

Salud para tod@s.

Mª Jesúsearerine dijo...

Saludos a todos,
Fernando, después de leer tu artículo "Sombra de hombre"sobre Bacon, creo que necesito hacer una escapada urgente a Madrid. Lo voy a intentar.
A mí el poema me resulta enérgico y contundente, muy lejano de la pesadumbre del vivir, no “siento” en él compunción y sí encuentro una profunda afirmación de sí mismo y de la existencia: sé todo esto y quizá mucho más pero la luz y el barro me aportan el placer de vivir, no falsas esperanzas ¿de qué?, ¿qué hay que esperar? Esto es lo que hay, lo que se sabe, lo que somos y de qué estamos hechos, el barro del cual venimos- Pasolini y la religión, él tan descreído siempre, tan provocador.
“Una bestia enjaulada” que en un verso del poema “Libro libre” dice “tengo miedo a la libertad que me daría el callar” ( Ho paura della libertà, che mi verrebbe dal tacere) y es esta misma rebeldía la que encuentro en el poema que tú, Fernando, nos propones: sé todo esto y qué importa, mis sentidos perciben la materia que me conforma: luz y barro, versos finales que atenúan el “bloque inamovible” de la existencia. La rebeldía y el placer de vivir. A pesar de todo, Pasolini nunca calló.
Nuevamente se impone la vida, siempre aquellas hojas verdes del olmo seco. Y en solo dos versos, los del final, que a todos nos han llamado la atención.
Hay muchas cosas que estimo de este blog: creo que nadie habla aquí desde el camuflaje emocional, no tendría sentido. La poesía va a lo personal, a lo íntimo y profundo, ¡cómo no proyectarnos en nuestros comentarios! Si aquí estamos es porque en algo nos reconocemos, no podría ser de otra forma, Meteco, vigilante rebelde de la construcción.

Un apretón para tod@s, con afecto.

gotamarina dijo...

no estoy muy inspirada, pero bueno, hago mi intento.... me gusta el poema de Pasolini, su construcción en subordinadas, su letanía, sus imágenes; me gusta la imagen de la esperanza aue construye Pepo gracias a sus alumnos, me gusta y me hace bien la buena onda de este blog, me gustaría que Fernando cuando se ensimisma no estuviera inconforme con su vida, me gustaría que Meteco no se sintiera a la deriva y queriendo huir de sí mismo, me gustaría poder aprovechar mejor que como aproveché hasta ahora los comentarios de Nuño, me gustaría poder sentir carnalmente el apretón afectuoso de María Jesús, me pregunto cuántas cosas cambiarían si los que no nos conocemos en persona pudiéramos alguna vez mirarnos a los ojos, aunque sea sólo un momento; no sé qué cambiaría pero me gustaría descubrirlo. Acabo de imaginar que, si alguna vez se da la reunión de pandehumeros que alguna vez me dijo Pepo que le gustaría hacer en Valencia, estaría bueno sentarnos en círculo y, la primera vez, antes de empezar a hablar de lo que sea, quedarnos un buen rato en silencio, mirándonos, acomodando las palabras dichas y leidas a las personas reales que tenemos delante.
buenas noches.

Fernando Broncano dijo...

Gracias por todos los comentarios, me pasa como a Marina, que me (s)urgen los deseos de poner caras y cuerpos a las palabras de quienes habitamos este blog (aunque tienen un punto de interés los afectos a distancia). Por empezar por el final: sí tiene razón Marina, me hubiera gustado no ser tan transparente. Como a Machado me ocurre que "vivo en paz con los hombres/y en guerra con mis entrañas". Me gustaría pensar que sólo soy melancólico en la escritura y apasionado en la vida. Y a Maria Jesús le recomiendo, sí, un fin de semana en Madrid: además de Bacon no se puede perder la historia de la sombra. Con ella estoy de acuerdo en que el poema no es oscuro, sino melancólico, que no tiene nada de desesperanzado, sino de acompasamiento a la vida cansada. El verso final subordina la esperanza a la luz, como Goethe en su último suspiro, pidiendo más luz. ¿Sabéis que su ultimo gesto era escribir en el aire como si siguiera componiendo un poema o una novela de aprendizaje?. A Jesús: me gusta mucho tu lectura, la de un yo que resiste a saberse, un yo que se pierde en la niebla de una conciencia que ya no es un teatro de mirones, sino un bosque de silencios. A Meteco: no es poca cosa mirar trenes, hay que hacerlo con cuidado y dedicación, observar su alejamiento y la llegada. Son los trenes que no tomamos los arcos que sostienen lo que somos.
Y a Pepo: le devuelvo el enigma, el de cómo no tener uno esperanza si adora la luz. La luz llena aún si el instante es el último de la existencia. Vermeer lo sabía, Rembrandt también.
Salud a todos.

Azahara dijo...

Llevo en mi carne ya no una melancolía al final de la vida, que es lo que me recomienda, sin hacerlo, este puñado de versos, pero, si un desgaste. Con lo que mi futuro inmediato, elegido por mi, (nunca lo olvido) hace de la interpretación actual, algo agotador y agotado.
He de decir que me identifico con esa losa en los hombros que parece tener el poeta cuando escribió esta hermosura.
Porque es inmediato, sincero y desgarrador. No lanza mensajes, ni parece pretenderlo. Versos limpios y de carácter caliente, pasional aunque esté desbordado por el decaimiento y ciérto círculo vicioso.

Fernando, me gusta. Gracias mil.