miércoles, 15 de julio de 2009

Francisco Brines | propuesta de María Jesús

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TENTACIONES AL ACABAR LA TARDE

Hay una luz que cubre todo el campo
de sombra, y va a la noche. Reposan
los naranjos, y casas de abandono,
y los montes se tienden en la nada.
La paz está conmigo, no sucede
sino el sueño más libre de la dicha:
amo el vivir, y el mundo incomprensible.

Ya en los pueblos del llano, y en la costa
del mar, oscilan luces rosas: queman,
antes que las estrellas, las ventanas.
El mar ha ennegrecido en lo lejano,
y se enciende la fiebre de la carne:
pues me llama al placer lo que allí vive.

,,,,,,,,,,,,,,,,,,,De Insistencias en Luzbel


...............Comentario
Leo dos momentos en este poema. El primero coincide con mi preferencia por esas horas de la tarde,( la hora azul la llaman algunos) después del calor, cuando todo parece alcanzar un punto de equilibrio, ligera brisa, algún trino, las últimas golondrinas que buscan agua, y el ritmo lento del trabajo que queda por hacer. Bien, me encanta ese instante y lo disfruto cada día con sorpresa porque la repetición de lo hermoso y humildemente sentido no cansa.
Después de la declaración de amor a la vida y al mundo incomprensible, el deseo y el placer se suceden en una misma línea de belleza: causa y consecuencia. El alma tranquila despierta los sentidos y requiere el cuerpo las caricias, su alimento.
Me gustan también los versos de Brines, con el ritmo de los endecasílabos perfectos, y la luz que cubre de sombras…
Ojalá que os guste ( si no es así, ya sabéis, no pasa nada, nada, pero que nada) y si estáis ya de vacaciones, que las gocéis, y si no, que las caricias recompensen la espera.
Con afecto, siempre.
Mª Jesús
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11 comentarios:

gotamarina dijo...

Hola Marías Jesús! Tu propuesta me encanta, tanto el poema como tu comentario, me parece todo muy muy bello... siempre leo las propuestas de Pan de humo cada miercoles a los apurones en el trabajo, y después me acerco con calma en el fin de semana, y esta vez me fascinó lo que encontré, ¡me gusta muchísimo! Bueno, ya me acercaré con calma después, de momento sólo quería dejar asentada mi primera reacción de entusiasmo. Un abrazo y muchas gracias!

Fernando Broncano dijo...

Bello poema, María Jesús: cuando lo leí la primera vez, tardé un poco en imaginarme la situación. Me dí cuenta de que era un poema mediterráneo y comencé a traducirlo a mi estepa castellana. Y funcionó, pues si hay una hora sutil donde todo es perfecto es en los tiempos entreluces cuando las casas del pueblo empiezan a oler a humo de leña, aún no es de noche, todo se calla como siel mundo esperase algo nuevo. Hay un instante en el que parece que todo va a ser posible. Rohmer le dedicó una película al instante del "rayo verde". La hora azul. No discutiremos de colores. Para mí quizá tenga un color violáceo, es igual. Es la llamada de la vida.

meteco diletante dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
meteco diletante dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
meteco diletante dijo...

Comparto la sensación de belleza que habéis descrito cuando he leído el poema. Como Fernando, también he pensado en Rohmer y su película “Le rayon vert”, es curioso que hace nada comentara con Marina sus películas, aunque por el lado moral y social.

Me quedo con esa sensación de belleza, la primera que he tenido en este último par de meses liado con lo de las oposiciones, o más bien liado con el estado de ánimo en el que unas oposiciones te sumen, al final para quedar como estaba todo, bueno, añadiendo la sensación de haber perdido un buen montón de horas.

Cuando llega esa hora, me gusta sentarme mirando hacia poniente en la terraza. En verano coincide con la hora de la cena, y me gusta escuchar como el tráfico va disminuyendo poco a poco hasta que no se oye nada (bueno, mi zumbido en el oído, pues padezco de “tinitus”) y sólo queda un azul en frente de mí que se deshace en blanco hasta recortar en negro la silueta de los árboles. Los verdecillos, lavanderas, gorriones y mirlos dejan de cantar, y me alegra el hecho de que puedo olvidar el trabajo y el estudio para espiritualizar mi cuerpo con un buen vino en la cena y una pipa si se tercia, los únicos placeres corporales que le son dados a un soltero recalcitrante. En ese momento me recuerdo a “The Lotus Eater” de Somerset Maugham.

Como soy mediterráneo hasta el tuétano no tengo que hacer ninguna traducción, me acopla el poema entero, y después de esta agradable sensación, me pregunto por qué dejé estos dos meses de leer poesía y de dejarme llevar por ella.

Saludos.

Beatriz dijo...

Hola!!! Me asomo al blog para saludaros después de mucho tiempo de ausencia. No me olvido de vosotros y os echo de menos!!!, pero circunstancias académico-oposicionales me tienen absorbida. La imagen de Brines-María Jesús me da paz en medio del desasosiego y el cansancio. Me apetece mucho perderme en la tarde...
Besos para todos

gotamarina dijo...

Me gusta mucho este poema, no hay caso, cada línea tiene algo que me atrapa, si quiero comentarlo me veo tentada a copiarlo por entero. Me gusta la luz, el momento, la paz, el deseo, todo. Me gusta cómo suena, me gusta lo que dice... me gusta tanto que me llama a silencio, no hay nada que agregar, se disfruta y listo.

Como siempre, hermosos los comentarios también.

Bea: yo también te extraño! Me venía preguntando por qué no aparecías. Ojalá pronto termine tu agobio, cansancio y desasosiego y puedas perderte en la tarde y reencontrarte con lo que te gusta. Ojalá pronto tengas vacaciones. Buena suerte con todo!

meteco diletante dijo...

No sé por qué, sólo después de ver este poema hice la asociación con “The Lotus Eater” y no cualquier otro día, ¿por qué sólo ese día una escena familiar me recordó ese libro leído hace tanto? Esos misterios de la memoria es una de esas cosas que me atrapan tanto de Proust. Fui al libro de Maugham a leer la muerte del ‘lotus eater (Wilson)’ porque recordaba que era bella, y a la escena de la cena del narrador con él. Es una pena que no podamos colgar las lecturas que tanto nos gustan en las paredes de la conciencia, como hacemos con los cuadros en las de casa, de forma que las tuviéramos siempre al alcance.

“The air was exquisitely soft. The night was still and we were alone. The maid brought us ‘bel paese’ cheese and a plate of figs. I ordered coffe and strega, which is the best liqueur they make in Italy. Wilson would not have a cigar, but lit his pipe.

[…] He died last year. He had endured that life for six years. He was found one morning on the mountainside lying quite peacefully as though he had died in his sleep. From where he lay he had been able to see those two great rocks called the Faraglioni wich stand out of the sea. It was full moon and he must have gone to see them by moonlight. Perhaps he died of the beauty of that sight.”

Cuando leía esto recuerdo que pensaba que esa era una buena forma de morir, aunque parezca el fin de una vida perdida y solitaria. Siempre me extraña cuando lamentan la muerte de alguien solo, sin nadie al lado, como si el muerto notara la diferencia…pero bueno, esto ya se va de madre, tan solo quería volver a traer a mi existencia esos trocitos de Maugham.

Nuño dijo...

Pido disculpas a Azahara y a Jesús Vega por no haber dado señales de vida ante sus propuestas. Las leí pero no tuve tiempo material para serenarme y comentarlas como se merecían. Ahora tengo tiempo y serenidad y además la dulce melancolía de esos "dos momentos" de que, con acierto, nos habla Mª Jesús.
Relellendo de nuevo a F.B., me convenzo de que más allá de su sensualismo, de su veta elegíaca y de su maestría formal (ese ejercicio rítmico del segundo verso, sometiendo la medida a la dicción), la luz se erige en uno de los temas más recurrentes de sus poemas. Me sorprende que la crítica haya pasado de puntillas sobre esta cuestión. Por encima de la geografía (ese momento de las tierras altas y el otro del "llano") está la luz que se hace penumbra en las tierras altas y la luz que desde esta penumbra divisamos abajo, en la costa,toda ella rosácea y, al fondo, desde aquel balcón en penumbra adivinamos también a un mar invisible convertido en una plancha negra. Es la luz, sensiblemente graduada la que dibuja con perfil grueso ese amor al vivir que se ubica en las tierras altas y la que dibuja también, pero con perfíl tembloroso, la llamada al placer que le reclama al poeta desde el llano. La luz...
Como revela Fernando, me sucede a mí cuando, al atardecer,regreso de Morille a Salamanca: subo al altiplano y el embrujo de la luz callada y quieta agranda el espacio y deseas no andar y quedarte allí porque la tamización de esas luces te llenan de tanta melancolía que te invade el temor a seguir y dejar atrás la querencia de un mundo,
no "incomprensible" pero sí lleno de una magia especial.
Me gustaría recordar que esas "casas de abandono" del primer momento y esas "ventanas" del segundo, son signos propios de F.B. que representan por un lado el sentimiento de pérdida y, por otro, el intimismo y quietismo doméstico, algo que el poeta nunca se olvidó de manifestar.
Gracias, Mª Jesús, lo he gozado.
Salud para tod@s.

Nuño dijo...

Me sonrojo al releer esta mañana lo que escribí esta nocheciega pasada. Por favor, al visitar mi texto poned ese "relellendo" en regla. Gracias por ello.

Azahara dijo...

Hola a ¡todos!:
Puedo decir que me llama la atención Francisco Brines, pues lo conocí el último año de instituto. Vino a unas charlas sobre literatura y poesía y, la verdad: todo un acontecimiento.
Sin embargo, y pese a que lo estudié hace ya algunos añitos, mi opinión sobre él no ha variado demasiado. Cuando era jovencita (allá por los 17, no demasiado lejos, jajajaj) me parecía un personaje que referenciaba versos interminables y preocupantes sobre la muerte, y aunque el poema no refleje lo que aquí expongo, debo deciros que mi relectura sigue contaminada...
Un beso a todos!