miércoles, 2 de septiembre de 2009

Circe Maia | propuesta de Marina

I

Una niña sentada y su reflejo
en el vidrio a su lado.

......................................El follaje
detrás en la pared: luces y sombras.

Falsa quietud la imagen
falsa calma.

El rostro tenso, la mirada aguda
avanzan, penetrantes.

la mirada recibe-rechaza al mismo tiempo
la luz del sol, como si el pensamiento
opusiera otra luz, de oscura fuente.

Sale con limpia fuerza.
...........................Es un sonido
que está sin ser oído.

.....................................Movimiento
no visible, existente
por detrás de la imagen.


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Cambios

Unas veces el cambio se prepara
en forma subterránea pero estalla
de modo brusco, abierto:
nova en el cielo
grieta en la tierra
inundación de luz en plena noche
lengua de fuego
asoma sorpresivamente en la mirada
del otro, vuelto Otro, vuelto ajeno.

Otros cambios se gestan
imperceptiblemente.
De una oscura manera
de un modo
silencioso
lo que no estaba está y lo que estaba
es destruido.

Pero tan gradualmente
que siempre quedan restos:
de la mirada, alguna
chispa
alguna vez.
De la voz, algún eco
(Palabra no enfriada
todavía).


Comentario:

Me acordé de esta poetisa uruguaya y cuando me puse a releer el único libro completo que tengo de ella se abrió por sí mismo en un poema que me gustó mucho y me dio ganas de proponerlo; después encontré otro que me hizo recordar cosas que se fueron comentando en Pan de humo, así que al final después de sopesar las dos posibilidades y no poder elegir, decidí proponer los dos poemas: el que elegiría por resonancias personales (el primero que publico) y el que elegiría por resonancias grupales (el segundo).

El libro al que pertenecen los dos poemas se llama Cambios, permanencias; está editado en Montevideo en 1978 por Edicions Siete Poetas Hispanoamericanos, que quiere decir que para resolver las dificultades habituales que supone publicar poesía en el Río de la Plata, Circe Maia y otros 6 poetas amigos se juntaban y entre todos pagaban la edición de un libro de cada uno por vez. Tal como se ve en el segundo poema, en este libro se dedica a registrar variaciones casi imperceptibles del ser de las cosas. También tiene poemas relacionados con la pintura o con temas filosóficos. Como imagino que no es muy conocida más allá del Río de la Plata (pero es suposición, en realidad no lo sé) subí al grupo google de Pan de humo no sólo mi propuesta con los dos poemas sino también algo de material sobre Circe Maia que encontré en la web, por si a alguno le interesa conocerla.

10 comentarios:

Azahara dijo...

Una puerta a la esperanza y una ventana con vistas al pasado.
Vuelvo a respirar, real y metafóricamente hablando, o a veces no... o no sé muy bien...porque la "Palabra no enfriada
todavía"... da para tanto...


¿qué tal os ha tratado el verano?

Josep E. Corbí dijo...

No lo puedo evitar. Un amigo me ha hecho llegar una entrevista que apareció ayer en la contraportada de *La Vanguardia*, el entrevistado es Fernando y el objeto de la conversación la melancolía:

http://www.lavanguardia.es/free/edicionimpresa/20090902/53775932337.html

Mª Jesúsearerine dijo...

Una entrada rápida antes de ir a comer: gracias Josep por la reseña de la entrevista a Fernando, muy sugerente, y saludos a Azahara: el verano, inquieto, Aza, prometedor el otoño, ¿y el tuyo?
Comento después las propuestas de Marina.

Josep E. Corbí dijo...

1. ¿Quién narra en el primer poema? ¿La niña o un tercero? ¿Es tan nítida la diferencia? Sentía en todo momento que era la niña quien se hablaba a sí misma (incapaz de hablarle propiamente a otro), aunque use la tercera persona. A lo mejor la usa para que nos resulte más fácil comprenderla o, tal vez, necesite la tercera persona para verse desde fuera y, así, verse mejor por dentro porque en su estado hay una falsedad, un desajuste entre lo que parece y lo que es ('movimiento no visible, existente por detrás de la imagen), y que solo si se encuentra con su ser (todavía la esperanza de que tal cosa existe para conservar la esperanza de salir de ese 'rostro tenso') podrá dejar sentirse un tenue reflejo en el vidrio ('y su reflejo en el vidrio a su lado') y un haz de amargura acallada ('es un sonido que está sin ser oído')

2. Me alegra Aza que ya respires, aunque no acierto a saber qué parte es la real y cuál la metafórica.

Fernando Broncano dijo...

Gracias Marina por el descubrimiento (gracias también Pepo, pero me pongo un poco colorado, son cosas de la publicidad)
Me gusta sobre todo el primer poema, sobre el misterio de una imagen fugaz, un rostro que despierta una pregunta por la tensión de la mirada: la imagen está quieta, pero detrás hay un impulso de vida que sabemos que está sin conocerlo, y la breve imagen habla de él.
Me ha gustado la entrevista que Marina ha subido a grupos: se esfuerza Circe Maia en usar el lenguaje más cercano y menos culto en la poesía. Me adhiero. Cada vez más me aplasta la poesía (y la filosofía) cultureta.

gotamarina dijo...

Gracias Fernando, a mí me gustó tu entrevista y ojalá pronto pueda leer el libro completo. Me alegro de que Pepo la haya compartido, no es publicidad, es como subir la de Circe Maia, no hacía falta que Pepo evitara su impulso y por suerte no lo hizo. A mí también me toca personalmente el intento de escribir llanamente, y leo el primer poema más como lo has visto vos que como lo leyó Pepo. Para mí es claramente una tercera persona quien mira a la niña y la describe, quien puede percibir la fuerza vital que contiene la quietud ("quieta / no inmóvil /como quieto y móvil es lo que crece"). La falsedad para mí no está en la niña sino en quien podría confundirse al verla quieta y creerla en calma, quien al ver una niña sentada y su reflejo en la ventana y los árboles detrás pudiera dejarse llevar por la placidez de la imagen y creer que ahí está todo. La poetisa o el poema perciben más allá, perciben lo inaudible e invisible.
Fernando, me quedé con la intriga sobre qué era lo que me hubieras contestado, como comentaste en Walcott: ¿era algo sobre tu propuesta de Plath? ¿nunca me lo vas a decir? seguiré con la intriga.

Nuño dijo...

La poesía que no lo parece es la que más me enquieta: me descubre mi ceguez y me hace envidiar el artificio de su sencillez. Gracias Marina por esta "nova", regalo inapreciable de este fin de verano.
Poesía callada podría llamarla, que no del silencio porque la temática, tan leve aparentemente, la aleja de este caprichoso rótulo, así como el recurso a la tercera persona la libra, cristalizando su tono, de la rotundidad del uso de la primera persona.
Podría ser una flor en un búcaro o un gato entrando en el jardín o el mismo sol poniéndose en la meseta. Pero no, es una niña y su misterioso reflejo en el vidrio y es una "mirada (que) recibe-rechaza" y es "otra luz, de oscura fuente" lo que motiva mi envidia por ese artificio de su aparente sencillez. Lo mismo me sucede con ese "siempre quedan restos" y el paréntesis final "palabra no enfriada/todavía" que deja abierto para siempre el poema.
No puedo resistirme a reconocer la maestría formal de los dos poemas: unos endecasílabos, a veces sabiamente cortados; también alejandrinos igualmente, a veces, cortados. Todo ello juega a que su poesía mantenga la juventud de 1978 como si no hubiera corrido el tiempo hasta hoy. Se lee hoy como si C.M.lo hubiera escrito hoy.
Salud para tod@s.

meteco diletante dijo...

Una de las cosas que uno no espera al llegar de una estancia es la de venir con bastantes más problemas teóricos de los que intentabas solucionar con esa estancia. Si las cosas que vemos ya me creaban problemas antes de ir, ahora me los crea el propio hecho de ver, o de mirar. Mi nueva obsesión es la mirada, y el primer poema no puedo dejar de verlo con este rollo de fondo; voy a llenar de tantas mediaciones teóricas mi estar en el mundo que la mínima experiencia me va a costar 20 minutos.

Antes que nada, no me ha gustado la situación tensa en la que me pone la lectura del primer poema, me recorre la misma intranquilidad que cuando me agazapaba para tirar una piedra a una farola o robar un melón, incluso me lleva a horas nocturnas sin saber por qué, sólo por el estado nervioso en que me pone, como si alguien me fuera a sorprender en algo malo. Sobre aspectos de la mirada del poema, sólo comentar que al poner el reflejo del cristal como foco de la mirada en el segundo verso toda la vista se va ahí, y no a la niña, es decir nos las habemos ya con un reflejo en un vidrio, donde las distancias y los colores se reducen para ofrecer una totalidad en una visión reducida; al mismo tiempo los movimientos se suavizan, dando esa sensación de falsa calma. Me ha gustado esa maniobra por los sencilla y efectiva que es. El juego de claroscuros tiende al flash, al manga, y creo que eso es lo que logra la excitación nerviosa pese a la aparente calma de la imagen en el vidrio.
Con el segundo poema no deja de sonar en mi cabeza una canción. Hace poco leía una letra de una de mis catantes favoritas y decía que las lágrimas no dejan cicatriz, su caída continua no hace surco… ¿Por qué debería haber huella en la mirada y de qué? Me inquieta que se interpreten las miradas, uno puede poner en ellas todo lo que quiera, no deberían leerse, y sin embargo como dice la primera estrofa, hacen a una persona otra… siempre adivinamos cuando nos van a dar una mala noticia. También me sugiere que, así como un gran naufragio arroja a la playa pocos restos, nos tenemos que conformar con ese poco, una leve huella en la mirada, para conocer al otro en un instante, saber de su palabra no enfriada, aunque siempre corramos el riesgo de escribirla nosotros sobre unos trazos que se borran rápido, como los de arena en agua.

Saludos a todos en mi regreso.

Nuño dijo...

Con permiso. Por cierto, hay en el olimpo griego una diosa hechicera que para conseguir sus caprichos recurría a expeditivas pócimas mágicas. Circe, en cuestión, tuvo sus cosas con los argonutas y se enamoró hasta de Ulises. En fin, que nuestra Circe M. algo tiene que ver con ésta del olimpo: aparte de haber tocado muy de lleno temática helenística, recurre a la poesía, como recurso mágico, para encantarnos y convertirnos en sus fieles "prosélitos".
Saludos de nuevo.

meteco diletante dijo...

Curiosamente, ahora en la lectura vespertina me encuentro con una expresión más elegante de lo que ayer trataba de decir con “flash” o “manga”, para expresar esa agitación con el primer poema.
Es una cita de un libro estupendo “The Claude Glass”, de Arnauld Maillet (el original es francés) que recomiendo a todos quienes se hayan interesado alguna vez con lo de “mirar”: “In a lectura presented to the Académie Royale on November 5, 1678, Henri Testelin Hill even go so far as to claim that light-dark is a principle not only of composition but especially of dynamic composition, evoking the “agitation and movement in (his) figures”. No sé cómo he llegado tan tarde a este tema.

saludos